Baile, erotismo y hermosas mujeres

No sé si realmente la historia un tinte un poco machista, ya que los grandes cronistas de todas las épocas han sido hombres. De ser así, han dado a las mujeres una de cal y otra de arena en lo referente a las artes y en especial al baile, puesto que ha sido un arma de doble filo: parecen estar de acuerdo en que en cualquier momento de la historia ellas han sido las reinas del cotarro cuando se trata de danzar; pero también las ha convertido en seductoras plenas, que usan su habilidad no siempre con buenos fines, comúnmente para tender alguna clase de trampa para los hombres del momento y envolverlos con sus movimientos sinuosos hasta convencerlos de hacer su voluntad. ¡Oh, qué gran cosa ser mujer, y además, bailarina!

Pero, ¡ah!, llegó la época del cristianismo, una religión que durante siglos marcó la sociedad y sus reglas con sus propios estatutos, al menos en Occidente (pero tranquilos, en Oriente hubo otras, como el judaísmo y el islam, que también hicieron su parte). Y la deducción clara a la que llegó esta fe es que esos bailes tan perfectamente ejecutados eran obra del maligno, y que las que lo usaban claramente eran malas mujeres con malas intenciones; de ahí que en muchos lugares se prohibieran los bailes y danzas por influencia de la Iglesia. Y la cosa fue peor cuando se unieron dos de las peores influencias que pueden existir para corromper a una mujer: el baile y el erotismo (según los cristianos, por supuesto).

Porque, admitámoslo, los bailes más eróticos que se recuerdan, aquellos que han quedado en la memoria de la gente, los que llamamos obras de arte visuales en el cine, o los que nos han puesto la líbido por las nubes, los han realizado las mujeres. Puede que sea cuestión de flexibilidad, de disciplina, de algún tipo de aptitud intrínseca, o simplemente de una concepción del ritmo diferente; por lo que sea, el cuerpo femenino es capaz de ejecutar un baile, en general, con más sex appeal que el masculino.

Y si pasamos del erotismo al porno crudo y duro, y pensamos en por ejemplo las strippers, no seamos hipócritas: las tias desnudas moviéndose al ritmo de la música más chicanera que se te pueda ocurrir siempre llamarán mucho más la atención que los hombres, que, no sé por qué, siempre tiene un número más limitado de movimientos y los repiten una y otra vez (eso me parece a mí al menos). Puede que ahí también haya una cierta influencia machista, pues claro, todo este espectáculo medio erótico medio sexual se inventó, como se dice, por hombres y para hombres. Lo que sí te digo es que, si es así, no pudieron usar mejor instrumento que los cuerpos flexibles y sinuosos de las mujeres.

Así que, en conclusión, no hay duda de que el género femenino se lleva todo lo bueno, pero también lo malo, de su clara superioridad a la hora de ejecutar cualquier danza, baile o movimiento con ritmo, da igual cómo se llame. Es tanto su compenetración, que desde siempre el sólo hecho de decir que una mujer es bailarina, ya la hacía parecer como una diosa llegada a la Tierra a la que todos los hombres debían adorar. Y es el baile es algo así como una expresión divina: no es que todas las mujeres que bailan sean hermosas, pero, sin duda, la hermosura de toda mujer que mueve su cuerpo al son de la música es algo de lo que muy pocos pueden escapar. Y, para colmo, son menos lo que lo quieren hacer.


Deja un comentario